miércoles, 7 de diciembre de 2011

Mi aventura en el río y unas cuantas cosas más



Ayer terminé mi último campo de trabajo, el treceavo, y con tristeza me doy cuenta de que esta experiencia se acaba. Han sido dos semanas increíbles porque aunque en un principio parecía que no íbamos a tener nada que hacer (los de la Cruz Roja solo nos necesitaban para 5 horas), se nos ocurrió crear un taller para enseñar a la gente como crear sus propios regalos navideños utilizando materiales de desecho. Esta era la excusa, la verdad, porque lo que todos queríamos era aprender nosotros mismos a hacerlos. Ahora ya sabemos hacer collares con revistas, marcos con cajas de cartón, carteras con tetrabriks,… y no sigo porque si no vais a saber de dónde han salido todos vuestros regalos navideños.

El grupo estaba formado por tres coreanas, una finesa, una sueca, un francés, un belga, una rusa, una japonesa, un inglesa y la menda; todos un poco locos y con ganas de pasarlo bien así que no hemos parado de reír, cantar, bailar y viajar; aunque eso sí, a los sitios que ya me conozco de memoria: el río caliente y Golden Circle (ambas excursiones por séptima vez).

La excursión al río caliente fue toda una aventura de supervivencia que ahora puedo recordar como algo divertido pero que en su momento me hizo pasar miedo por mí y por todas las personas que llevaba a mi cargo. Normalmente la ruta de ida se hace en una hora y media pero con nieve hasta la rodilla y hielo en alguno de los tramos nosotros tardamos una hora más en recorrerla. Lo peor de todo fue el frío porque aunque íbamos bien abrigados se necesita algo más que polares baratos de decathlon para no congelarse a -13ºC, pero bueno, llegamos, y en un acto de valentía nos quitamos la ropa y nos metimos en el río, que para empeorar un poco nuestra situación térmica no estaba lo suficientemente caliente (yo calculo que a unos 20ºC) e hizo que a los 10 minutos tuviésemos frío. Cuando salimos para secarnos y volvernos a vestir nos llevamos la sorpresa de que nuestras ropas, que muchas se habían calado a la ida, se habían congelado y en ese momento parecían una roca. Incluso mis botas se habían congelado en una forma extraña y era imposible ponérselas de nuevo por lo que tuve que meterlas en el río, empaparlas y volvérmelas a poner. Todos íbamos temblando a la vuelta, incluso sin sentir partes de nuestro cuerpo pero todo quedó en un susto y llegamos al coche sanos y salvos. Pasé miedo y eso que solo estábamos a -13ºC, creo que ahora puedo imaginarme como lo pasan los alpinistas que sobreviven a -20 o -30ºC.





El viernes me marcho de nuevo a la granja del sur donde estuve hace unas semanas para dar clases de teatro a los niños de los alrededores y creo que esta será la última vez que salga de Reykjavík antes de volver a España. Quiero disfrutar al máximo de la amplitud de estos paisajes, y es que aquí no hay casas o construcciones cada dos por tres que estropeen la belleza del horizonte. También tengo planes para los últimos días y es que tengo que despedirme de mucha gente y muchos sitios, hacer bastante papeleo, pasar los últimos buenos momentos con mis compañeros de aventuras y como toda buena turista, comprar souvenirs para la family.

Como siempre os dejo unas cuantas fotitos de estos últimos días:

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