Ayer terminé mi último campo de trabajo, el treceavo, y con
tristeza me doy cuenta de que esta experiencia se acaba. Han sido dos semanas
increíbles porque aunque en un principio parecía que no íbamos a tener nada que
hacer (los de la Cruz Roja solo nos necesitaban para 5 horas), se nos ocurrió
crear un taller para enseñar a la gente como crear sus propios regalos
navideños utilizando materiales de desecho. Esta era la excusa, la verdad,
porque lo que todos queríamos era aprender nosotros mismos a hacerlos. Ahora ya
sabemos hacer collares con revistas, marcos con cajas de cartón, carteras con
tetrabriks,… y no sigo porque si no vais a saber de dónde han salido todos
vuestros regalos navideños.
El grupo estaba formado por tres coreanas, una finesa, una
sueca, un francés, un belga, una rusa, una japonesa, un inglesa y la menda;
todos un poco locos y con ganas de pasarlo bien así que no hemos parado de
reír, cantar, bailar y viajar; aunque eso sí, a los sitios que ya me conozco de
memoria: el río caliente y Golden Circle (ambas excursiones por séptima vez).
La excursión al río caliente fue toda una aventura de supervivencia
que ahora puedo recordar como algo divertido pero que en su momento me hizo
pasar miedo por mí y por todas las personas que llevaba a mi cargo. Normalmente
la ruta de ida se hace en una hora y media pero con nieve hasta la rodilla y
hielo en alguno de los tramos nosotros tardamos una hora más en recorrerla. Lo
peor de todo fue el frío porque aunque íbamos bien abrigados se necesita algo
más que polares baratos de decathlon para no congelarse a -13ºC, pero bueno,
llegamos, y en un acto de valentía nos quitamos la ropa y nos metimos en el
río, que para empeorar un poco nuestra situación térmica no estaba lo suficientemente
caliente (yo calculo que a unos 20ºC) e hizo que a los 10 minutos tuviésemos
frío. Cuando salimos para secarnos y volvernos a vestir nos llevamos la
sorpresa de que nuestras ropas, que muchas se habían calado a la ida, se habían
congelado y en ese momento parecían una roca. Incluso mis botas se habían
congelado en una forma extraña y era imposible ponérselas de nuevo por lo que
tuve que meterlas en el río, empaparlas y volvérmelas a poner. Todos íbamos
temblando a la vuelta, incluso sin sentir partes de nuestro cuerpo pero todo
quedó en un susto y llegamos al coche sanos y salvos. Pasé miedo y eso que solo
estábamos a -13ºC, creo que ahora puedo imaginarme como lo pasan los alpinistas
que sobreviven a -20 o -30ºC.
El viernes me marcho de nuevo a la granja del sur donde estuve
hace unas semanas para dar clases de teatro a los niños de los alrededores y
creo que esta será la última vez que salga de Reykjavík antes de volver a
España. Quiero disfrutar al máximo de la amplitud de estos paisajes, y es que
aquí no hay casas o construcciones cada dos por tres que estropeen la belleza
del horizonte. También tengo planes para los últimos días y es que tengo que
despedirme de mucha gente y muchos sitios, hacer bastante papeleo, pasar los
últimos buenos momentos con mis compañeros de aventuras y como toda buena
turista, comprar souvenirs para la family.
Como siempre os dejo unas cuantas fotitos de estos últimos
días:
Estáis como cabras alpinas
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