sábado, 19 de noviembre de 2011

¿Vivo deslumbrada o… en el fin del mundo?


 Como os conté en la última ocasión, los días se van acortando poco a poco y ya sólo nos quedan unas 6 horas de “luz” al día. Lo malo es que la luz no es la que conocemos en España, en esta latitud y en esta estación del año el sol está tan bajo que si llega a brillar te deslumbra todo el día y si ocurre lo más común (lo que llevamos viviendo desde hace más de una semana y media) ni siquiera aparece por lo que nos pasamos esas 6 horas en una especie de amanecer paliducho bastante deprimente tras el cual llega la más completa oscuridad.

Mientras tanto invierto mi tiempo en la oficina escribiendo informes, en viajar a granjas donde poder ayudar y en ir a la casa de campo que SEEDS tiene a las afueras de Reykjavík, en donde hemos estado construyendo un invernadero, percheros, estanterías, etc.

Lo más llamativo de estas últimas semanas ha sido mi visita a la granja. Definitivamente me he dado cuenta que por muy romántica que sea la idea de cuidar animalitos, vivir alejado del mundanal ruido y llevar unos horarios marcados por los astros; ese mundo no está hecho para mí. ¡Mi olfato es demasiado fino como para limpiar cacas todo el día!
Aun así por unos días fue divertido ordeñar vacas, montar a caballo, esquilar ovejas y sobre todo montar en la cama elástica que tenía la familia; sin contar con la clase de teatro que dimos a los niños de los alrededores.

La próxima semana empieza mi próximo y último campo de trabajo, el treceavo. Es de nuevo en Reykjavík y el trabajo consistirá en ayudar a la Cruz Roja a recoger alimentos, almacenarlos y distribuirlos entre las familias más pobres de Islandia, además de preparar chocolate caliente y gofres para los transeúntes a cambio de pequeñas donaciones. Ya veremos cómo va pero de momento estoy ilusionada.


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