Como os conté en la última ocasión, los días se van
acortando poco a poco y ya sólo nos quedan unas 6 horas de “luz” al día. Lo
malo es que la luz no es la que conocemos en España, en esta latitud y en esta
estación del año el sol está tan bajo que si llega a brillar te deslumbra todo
el día y si ocurre lo más común (lo que llevamos viviendo desde hace más de una
semana y media) ni siquiera aparece por lo que nos pasamos esas 6 horas en una
especie de amanecer paliducho bastante deprimente tras el cual llega la más
completa oscuridad.
Mientras tanto invierto mi tiempo en la oficina escribiendo
informes, en viajar a granjas donde poder ayudar y en ir a la casa de campo que
SEEDS tiene a las afueras de Reykjavík, en donde hemos estado construyendo un
invernadero, percheros, estanterías, etc.
Lo más
llamativo de estas últimas semanas ha sido mi visita a la granja. Definitivamente
me he dado cuenta que por muy romántica que sea la idea de cuidar animalitos,
vivir alejado del mundanal ruido y llevar unos horarios marcados por los
astros; ese mundo no está hecho para mí. ¡Mi olfato es demasiado fino como para
limpiar cacas todo el día!
Aun así por unos días fue divertido ordeñar vacas, montar a
caballo, esquilar ovejas y sobre todo montar en la cama elástica que tenía la
familia; sin contar con la clase de teatro que dimos a los niños de los
alrededores.
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