Este es el nombre del campo de trabajo que estoy haciendo ahora mismo y aunque según la descripción del campo los trabajos que hemos venido a hacer aquí son arqueológicos, de renovación y medio ambiente, lo único que hemos hecho, los días que el tiempo nos lo ha permitido, son trabajos de jardinería.
Con esto no quiero decir que no me esté gustando, lo único es que me esperaba otra cosa, pero con todos los noticiones que estamos teniendo cómo para aburrirse. Os cuento un poco cómo ha sido mi semana para que os hagáis una idea:
El viernes pasado volví a Reykjavík del curso de EVS que estaba haciendo en un colegio abandonado en el norte de Islandia y supuestamente al día siguiente por la mañana tenía que venir aquí con la gente de otro campo de trabajo que se dirigía al este, porque mi campo había empezado cuatro días antes. Llegamos a las 4 de la tarde y todavía tenía que buscar todas mis cosas que estaban repartidas entre varias casas (cada una en una punta de la ciudad), acompañar a José a ver una de las posibles habitaciones donde se puede mudar, hacer la maleta y si me daba tiempo contestar a vuestros emails, que se me habían ido acumulando durante toda la semana. En ese momento fue cuando me enteré por primera vez de todo el movimiento democrático que está viviendo España en los últimos días y por el cual os felicito sin duda, menudo notición!
Sobre las 9 de la noche me dijeron que no nos marchábamos al día siguiente, ya que habían surgido un montón de cosas que teníamos que hacer el sábado en Reykjavík. Fue un día totalmente frenético: compra y viajecito a Viđey, una isla muy cercana a Reykjavík, para dejar todo preparado para el campo de trabajo que iban a hacer allí;
asistencia a un espectáculo de la Fura del Baus que algunos de mis compañeros habían ayudado a montar;
ayuda para recoger, después fui a una concentración que habían organizado aquí varios españoles enfrente de la plaza del Parlamento y que estuvo interesantísima (nuestras reivindicaciones son parecidísimas a las que hicieron los islandeses hace dos años) porque algunos de los fundadores de los nuevos partidos islandeses acudieron a darnos consejos; asistencia al teatro para ver una pieza de danza extra-contemporánea (sin comentarios) con unas entradas regaladas y por último preparación de la maleta para salir de viaje al día siguiente.
Al domingo se le puede clasificar como de día totalmente agotador ya que nos tocaba recorrer unos 1000 kilómetros por la carretera número 1 (es la principal y única, y rodea toda la isla pasando por las “principales ciudades”) pero cuando empezamos a meter las cosas en el coche nos avisaron de que la parte del sur la habían cerrado por miedo a que el agua que llegase del derretimiento del glaciar a causa del volcán derribase los puentes que sostienen la carretera. La conclusión fue que nos tocó rodear la isla por la zona norte, un circuito unos 300 kilómetros más largo y que encima nos obligaba a pasar por las zonas donde continúa nevando. Tardamos unas 13 horas….y lo que es peor, tardamos 2,5 horas en hacer un recorrido de unos 100 km por la capa y hielo tan impresionante que tenía.
Una vez en el campo, mis acompañantes se tuvieron que quedar dos días más porque la carretera que necesitaban para llegar a su campamento base estaba cerrada por la nieve, algo que a mí me pareció fenomenal porque casi estaba más integrada con este grupo que con el mío, que a esas alturas ya llevaba 5 días de convivencia. Y desde entonces hasta ahora, trabajar en cosas de jardinería por la mañana, comer muchísimo, dar algún paseíto por la tarde si hace buen tiempo o ver alguna película en inglés si hace malo.
Está es la casa en la que estamos trabajando, la del escritor que os comenté en el post anterior.
Está es la carretera que nos lleva a nuestra casa y que cómo podéis ver en la señal está cortada, algo no muy extraño en las carreteras islandesas.
Todavía no sé cuál será mi siguiente campo de trabajo ni dónde pero me han hablado tan bien de tantas zonas de Islandia que tampoco me preocupa mucho.
