El jueves de la semana pasada nos fuimos de excursión a hacer una ruta en coche llamada “The Golden Circle” que para los hispanohablantes es algo así como “El Círculo Dorado”. Se recorren más o menos 300 km pasando por lugares tan impresionantes como el Parque Nacional de Þingvellir, el géiser más antiguamente conocido, la cascada más grande de Europa, el cono de un volcán inactivo con una lagunita en el interior y, dependiendo del tiempo que se tenga, por unas cuantas curiosidades más. Vamos, una ruta que todo geólogo que se precie debe hacer al menos una vez en la vida.
Nosotros hicimos esta excursión en medio día porque por la tarde el grupo se iba a Blue Lagoon, otro de los enclaves turísticos de la isla, así que íbamos un poco ajustados de tiempo. Fuimos en la furgoneta automática de nueve plazas que tiene SEEDS (la ONG con la que estoy trabajando) y pude conducirla un rato así que volví encantada. La verdad es que no tiene ningún misterio, sobre todo aquí donde es rarísimo cruzarse con otro coche por la carretera y los aparcamientos están hechos a la medida de los todoterrenos más grandes que hay por aquí.
La primera parada fue en Þingvellir, el lugar donde se estableció el primer parlamento del mundo. Se piensa que se creó sobre el año 930, cuando llegaron los primeros pobladores escandinavos y se ha mantenido hasta hace unos 50 años. Se eligió este lugar por estar bien comunicado con el resto de Islandia, contar con madera con la que hacer fuego y suficiente agua potable, algo importantísimos en aquella época donde me imagino que recorrer más de 100 km por estas tierras heladas era una aventura a vida o muerte. Ahora mismo lo único que queda de la primera construcción vikinga es un cartel que indica el lugar y unas cuantas piedras amontonadas.
Otra de las curiosidades de este lugar y por lo que ha sido declarado Parque Nacional es porque es el lugar del planeta donde mejor se ve la unión de dos placas tectónicas, en este caso la Americana y la Euroasiática. Estas placas tienden a separarse poco a poco (4 metros desde la época vikinga) aunque de vez en cuando hay movimientos bruscos que hacen que el terreno se hunda y se creen agujeros impresionantes.
La siguiente parada fue en Geysir, lugar del que deriva el nombre de geiser. Además del más grande (el agua alcanza los 80 metros y erupciona aproximadamente cada 7 minutos) hay otro más pequeñito y varias lagunitas en las que se puede ver el agua hirviendo y todas las sales depositadas alrededor. Os pongo alguna fotillo pero no hacen justicia, aquí parecen una caquilla y a mí me pareció impresionante.



Después fuimos a Gullfoss (“cascada de oro”), la cascada más grande que he visto jamás. Tiene dos caídas de agua, una de 11 y otra de 21 metros y después de la segunda el agua transcurre a través de una gran grieta entre las rocas dando la impresión de que el agua se pierde en el interior de la Tierra. Según me han contado esta cascada se congela durante los días más fríos, algo que no soy capaz ni de imaginarme porque baja tantísima agua que parece imposible detenerla. Por supuesto esto fue lo que más me impresionó del viaje y estoy deseando volver a hacer otro campo de trabajo por Reykjavik para poder repetir esta excursión y verlo con más calma.


La última parada fue en el cráter volcánico Kerið. Es muy chiquitito pero muy bonito porque se mezclan los colores rojizos de los materiales férreos de las últimas erupciones, el verde del musgo que hay alrededor y el azul ceniza del lago interior que se ha formado con el agua de lluvia. Cuando fuimos por supuesto que hacía muy mal tiempo pero tienen hasta banquitos alrededor para sentarse a contemplar el bonito paisaje.
Siento estar todo el tiempo comentando que si esto es lo más grande, lo otro lo más antiguo, etc. pero es que en Islandia se lleva mucho esto. Les encantan las comparaciones y los superlativos y cualquier cosa tiene que ser lo mejor en algo, aunque sea la “cosa” más grande de la zona Este de cuadrante Sur de Reykjavík, tienen que escribirlo en un cartel y dárselo a conocer a todo el mundo, es verídico.