sábado, 17 de septiembre de 2011

Un cuento con final feliz


Érase una vez un grupo de voluntarios que vivía alegremente en Alviđra, un centro de Educación Ambiental cercano a Selfoss, la ciudad más importante del sur. Y os preguntaréis, ¿cuál puede ser la razón para que viviesen tan alegres?, pues bien, os lo contaré amiguitos. Resulta que su “host” les había dejado abandonados ya que el centro había cerrado y muy lejos de entristecerse, como no tenían muchas tareas que hacer alrededor de su casita se dedicaban a lo que más les satisfacía.


El tiempo pasaba y las cosas no cambiaban hasta que un buen día, al jefazo de este grupito de voluntarios se le ocurrió que ya que estos chiquillos estaban sin hacer nada, les mandaría un medio de automoción, les haría conducir hasta un bosque muy lejano cada día (casi dos horas de camino de ida y otras tantas de vuelta) y les pondría a servir a otro señor para que le fueran más productivos. Y así fue como el alegre grupo de voluntarios se convirtió en soñolientos pasajeros de día y sudorosos leñadores y carpinteros de tarde. Lo bueno fue que este grupo trabajó tan afanosamente que el tercer día de expatriación ya habían terminado con todas las tareas encomendadas y viendo que el nuevo “host” también había desaparecido decidieron tomarse el cuarto día de….. digamos…”asuntos propios”.

La única componente del grupo con derecho a tomar los mandos del vehículo (ósea sé, la menda, que llevaba conduciendo unas 4 horas diarias además de trabajar tan afanosamente como los demás) decidió el destino del viajecito que iban a realizar a las espaldas de todos sus jefes desaparecidos. Y así fue como recorrieron, mayormente bajo la lluvia y la niebla, la península de Reykjanes vislumbrando criaturas tales como focas, delfines y ballenas (esto último no ha podido confirmarse que no fuera una roca).

Y colorín colorado, este bonito cuento se ha acabado. Después de este viaje todos fueron felices y comieron perdices porque a la lenda lerenda la destinaron a su nuevo campo de trabajo y el grupo de voluntarios pudo seguir viviendo tranquilamente sin una chófer que les desplazase a lejanos bosques.



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