Después de pasarme desde el mes de abril empalmando un campo de trabajo con el siguiente con apenas uno o dos días de descanso entre uno y otro (en algunas ocasiones el descanso se ha limitado a unas cuantas horas) por fin ha llegado el momento de descansar, o lo que suele suceder en mi caso, de correr como una loca de un lado para otro para ver lo máximo posible.
El miércoles fue mi primer día libre y lo utilicé verdaderamente para descansar pero desde entonces no he parado ni un momento. El jueves y el viernes tocó trabajar en la oficina con horario más o menos de 10 a 19 horas y el sábado piscina por la mañana y Noche Cultural el resto del día.
La Noche Cultural la llevan realizando desde hace 14 años y la utilizan para celebrar el final del verano (20 de agosto!!). Me recordó bastante a la Noche en Blanco que tenemos en Madrid con la diferencia de que aquí las actividades se realizan durante el día y se termina a las 23.30 con fuegos artificiales desde el puerto. Se hacen actividades de todo tipo; desde multitud de conciertos, espectáculos circenses o paseos en Harley Davidson a un maratón para todas las edades. A nosotros nos tocó publicitar SEEDS para darlo a conocer entre la población islandesa así que estuvimos haciendo gofres gratis (es bastante normal en Islandia), preparando juegos para niños y adultos y haciendo flasmob, algo que se está poniendo muy de moda. Consiste en organizar a un grupo de gente para que se reúna de repente en un lugar público, realice una acción en común y se disipe como si nada hubiese pasado. En nuestro caso, el grupo de gente estaba formado por los participantes de uno de los campos de trabajo y la acción consistía en quedarnos petrificados, y aunque era muy sencilla hacía que la gente se quedase mirándonos, haciéndose fotos a nuestro alrededor e incluso intentando provocarnos la risa para que dejásemos de ser estatuas. Fue bastante divertido.
Al día siguiente, domingo 21, José y yo nos levantamos bien temprano para hacer de conductores y llevar a un grupo a Laugar, donde hice el Curso de Llegada de EVS en mayo, y de allí fuimos a los West fjords a recoger a otro grupo. Fue en ese momento donde comenzó nuestra aventura porque decidimos quedarnos allí a pasar unos días sin tener nada planificado. No teníamos alojamiento, transporte para movernos por la zona (el resto del grupo tenía que volver a Reykjavík con la furgoneta) y por supuesto ni idea de cómo íbamos a volver el martes a Reykjavík. El encontrar alojamiento fue bastante sencillo porque la furgoneta nos había dejado en Holmavík, un pueblo a la entrada de los Westfjords que la gente utiliza como centro de abastecimiento pero que pocos aventureros escogen para pasar la noche. Ese mismo día hicimos una ruta por las montañas y la costa cercanas al pueblo pero con tan mala suerte que cuando nos quedaban unos 3 km para volver se puso a llover y llegamos empapados y sin nada de ropa para cambiarnos.
El día siguiente fue bastante relajado porque no encontramos ningún coche que nos llevase a Ísafjörður, la capital de la región, así que intentando que no se notase nuestra frustración por no poder descubrir algo más de esta zona, clasificada como una de las 10 zonas naturales más bellas de Europa por la guía Lonely Planet (esto lo leí por casualidad mientras estaba atrapada en este pueblaco, es algo de lo que ellos están muy orgullosos), nos limitamos a dar un tranquilo paseo por la costa.
El último día fue bastante agotador porque aunque la ruta que hicimos por unas montañas un poco más lejanas no era demasiado complicada, la limitación de tiempo para coger el autobús de vuelta a Reykjavík nos hizo ir a matacaballo. Aun así dio tiempo para un bañito en las aguas heladas de una laguna que encontramos y para contemplar los bonitos paisajes.
Os dejo unas fotitos de estas últimas aventuras y espero poder seguir escribiéndoos más sobre etas ansiadas vacaciones, que en dos días llegan mis padres y creo que me voy a hartar a ver cosas bonitas.
¿Descansar? ¿Descansar? ¡¡Psicópata!! (Con cariño, jejeje)
ResponderEliminar