No sé si será una falsa alarma pero después de pasar un primero de mayo de lo más nevadito (os enseño una foto de lo bonito que estaba el puerto esa noche y otra de mi calle) llevamos dos días soleados y con una temperatura más que aceptable. Hoy incluso hemos comido en el jardín del hostal al que nos hemos mudado, aunque sólo porque estos europeos son unos captadores de rayos de sol natos porque yo he pasado un frío…
Como digo, hoy mismo nos hemos mudado a uno de los hostales de la ciudad donde estaremos 10 días haciendo un curso que nos preparará para ser “líderes” de los campos de trabajo de este verano. A la vez, mis nuevos compañeros están llegando y por el momento somos un grupo formado por tres ingleses, dos franceses, una italiana, una estona, una polaca y yo, aunque en los próximos dos días llegarán siete personas más de otros países (incluida otra española que se encargará de dar las clases de fotografía).
Es un sitio muy bonito y lo más importante es que estamos puerta con puerta con la piscina más grande de la ciudad. Por supuesto, el agua caliente se trae de la central geotérmica más próxima donde emerge de forma natural a más de 100°C. El vapor es el encargado de mover unas turbinas y el agua se manda a Reykjavík donde llega rondando los 80°C así que no gastan nada en calentarla, más bien en enfriarla. Lo especial de esa piscina es que está al aire libre y que además de la zona de nado tiene multitud de “hot spots” a diferentes temperaturas. Aquí es el deporte nacional el ir a uno de estos agujeros a mojarse el culete mientras se habla con los amigos, se liga, se planifican viajes, etc. La gente se pasa horas bajo el agua porque además lo bueno que tienen estas piscinas es que no le añaden cloro ni ningún otro desinfectante (antes de meterte dentro del agua es obligatorio lavarse concienzudamente mientras mujeres o hombre, dependiente del género del vestuario, te observan con atención) así que no resecan tanto la piel ni te escuecen los ojos después.
Otra de las utilidades curiosas de esta agua (a parte de que llega directamente a las casas haciendo que los calentadores sean totalmente innecesarios) es el sistema de tuberías que tienen en las principales calles de Reykjavík. Las montan por debajo del asfalto con lo que consiguen que la nieve y el hielo no lleguen nunca a cuajar y se reduzcan los problemas de tráfico por estas zonas. Este sistema sería carísimo en cualquier otra parte del mundo pero aquí simplemente…”is for free!”
Me despido hasta la próxima que me apetece ver un poquito del Madrid-Barcelona, ¿raro no? Debe ser que ya empiezo a echar de menos a España….